El inmenso tamaño de CHINA, potenciado por su casi milagroso progreso económico, social y militar ha aumentado. Es por ello que analistas internacionales cuestionan que EE. UU. continúe siendo el país más poderoso del mundo, debido a que su enorme influencia internacional está viéndose amenazada por divisiones políticas internas hechas ya crónicas, limitando su capacidad para liderar el mundo.
Según Moisés Naím, economista y reconocido analista en temas financieros internacionales, un aspecto que podría explicar una debilidad de la gran potencia americana es que el FMI viene siendo un organismo muy criticado y voces extremas hasta han sugerido eliminarlo.
Es por ello que la Unión Americana propuso en 2010 una serie de reformas destinadas a adecuar a la institución al siglo XXI. El Presidente Obama sugirió subir el porcentaje de participación de CHINA en el FMI de 3,8% a 6%, no obstante, no ser un reflejo que el gigante asiático será pronto la economía más grande del mundo en términos de PBI y, que aún llegando a ese 6%, estaría por debajo del 16,5% de EE.UU. Asimismo, las reformas planteadas por el Presidente Obama también permitirían aumentar el peso específico de los países emergentes (caso Perú), los que ya representan alrededor del 50% de la economía mundial. De darse estas reformas, cambiaría la composición del Directorio de la institución monetaria, la que aún refleja el orden mundial de la fecha de su creación el 27 de diciembre de 1945 en Bretton Woods, Nuevo Hampshire.
Es importante mencionar que dichas propuestas fueron aprobadas al ser planteadas a todos los países miembros del FMI, esperándose solamente la aprobación del Congreso de los EE.UU., lo que hasta el día de hoy no ha sido posible, debido a que el congresista Jeb Hensarling del Distrito de Texas y Presidente del Comité encargado, no las ha puesto en agenda. Es difícil imaginar y hasta creer, que un reducido grupo de legisladores tenga aún la capacidad de impedir, como aparentemente lo está haciendo, que una institución crítica para la buena marcha de la economía mundial no pueda reformarse, como se repite, en pleno siglo XXI.
Sin embargo, como la vida tiene que continuar, el resultado luego de 5 años de espera es que CHINA decidió crear el BANCO ASIÁTICO DE INVERSIONES EN INFRAESTRUCTURAS (BAII), cuya misión es estimular la cooperación financiera y financiar proyectos de infraestructura: desde la construcción de carreteras y aeropuertos, hasta de antenas de comunicación y viviendas económicas. Sus miembros fundadores fueron China, India, Nepal, Pakistán Bangladesh, Omán, Kuwait, Qatar, Mongolia, Uzbekistán, Kazajistán, Sri Lanka, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia, Brunei, Vietnam, Laos, Myanmar y Camboya. Los miembros adheridos posteriormente fueron Indonesia, Maldivas, Jordania, Nueva Zelanda, Arabia Saudita, Tayikistán, Reino Unido, Alemania, Italia y Francia. Miembros potenciales Australia y Corea del Sur (cabe mencionar que no se cuenta con la participación de EE.UU. y Japón). Su Capital Social a octubre de 2014 de 100,000 millones de dólares. La mitad de esa suma fue proporcionada por China, la que irá reduciéndose a medida que nuevos países se unan al proyecto. Otras posibles opciones para la financiación del BAII son los préstamos interbancarios y la emisión de bonos soberanos por parte de los Estados miembros del banco. Está previsto que la redacción de los estatutos internos finalice en diciembre de 2015.


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